El blog de Ana Pardo

Tradición, no traición

Por Ana Pardo en Jueves, 06 Marzo 2003. Archivado en Reseñas

Acantilados

La pintura al óleo conlleva una serie de características intrínsecas a los propios materiales, esto parece obvio y también común a otras técnicas, pero en este caso adquiere mayor importancia ya que dependiendo de una serie de variables de procedimiento determinaremos la durabilidad de los resultados.

Hemos señalado ya que el óleo permite muchos procedimientos pero hay una serie de errores que no se deben cometer porque comprometen el aspecto de la obra a lo largo del tiempo ya que hemos de contar con unos principios físico-químicos bastante más sofisticados que otras técnicas. Estos fundamentos técnicos pueden parecer un estorbo y una traba a la espontaneidad creativa pero en el fondo es todo lo contrario, ya que cuanto más se conozca el procedimiento técnico y se lleven al límite las posibilidades de las pinturas como material, más se amplía nuestro horizonte creativo al multiplicarse las combinaciones posibles y más se facilitará nuestro camino para lograr nuestra propia combinación; así del conocimiento tradicional podrá brotar lo nuevo, dar un paso adelante, pero esto no es posible si no nos adentramos en los secretos de nuestro oficio, al igual que un mago no podrá hallar un nuevo conjuro si antes no ha experimentado y estudiado todas las sustancias a su alcance, los conjuros de los grandes magos. Este estudio puede estar hoy desprestigiado en algunos sectores que por comodidad han repudiado lo que consideran una tarea poco original y pesada; en una cosa tienen razón: no es nada original estudiar lo que otros han estudiado o han hecho pero si no se pasa por ese periodo está claro que el resultado será muy pobre por falta de herramientas y será más cierta la frase: "todo lo que no es tradición es plagio". Pero....... ¿Qué es tradición?

 

    "Tradición" en Europa, siempre tuvo una concepción dinámica en su significado. El saber de cada generación, en cada manifestación artística (arquitectura, pintura, música, literatura, etc.) es aprehendido y comprendido. A partir de ahí se dan nuevos pasos con la ampliación de ideas, técnicas, conceptos, etc. Esa "tradición" condujo a Europa durante muchos siglos al continuo perfeccionamiento y elevación artística en todas las artes. Europa, gracias a esa tradición, puede legar al mundo un universo espiritual de incomparable belleza; podemos deleitarnos desde Shakespeare a Hesse, de las bellísimas chansons medievales a Horner o Williams, y así de forma sistemática en todas sus manifestaciones, en arquitectura de Brunelleschi a Gaudí, en pintura desde los muros ponpeyanos a Pérez Vigo. Es cierto que el abandono de este concepto condujo en muchas ocasiones a regresiones o perdidas irrecuperables de procedimientos artísticos. Hoy ese desconocimiento queda amparado en la "teoría del genio" muy gustosa y utilizada por gran cantidad de ¿historiadores?.

 

    ¡Si señores!, Rubens copiaba y versionaba obras del mismísimo Tiziano, acción de los más común dentro de los grandes maestros. Shakespeare, como dicen algunos "de dudosa moralidad", daba su peculiar forma a relatos que recogía de cualquier lugar. ¿Y?. Nada, porque cuando hablamos de "copias" o "versiones", la historia y sus interpretes lo consideraban una labor de tradición y avance donde debía buscarse, al menos, una inquietud de superación en algún aspecto o simplemente variar con gusto la imagen o idea contenida en el modelo.

 

    Nosotros, ante una versión, podemos opinar y discutir largamente si la obra supera al modelo o si la dota de alguna nueva virtud expresiva, elegancia en nuevos matices, etc. Lo que siempre debemos evitar es hacer crítica destructiva por el mero hecho de ser versión, o por la inclusión de ideas y procedimientos ya contenidos en algún otro lugar. Llegaríamos al absurdo de valorar en cada artista su ópera prima para a continuación descalificar su arte por autoplagio.

 

    La tradición no es un ente momificado que se repite y repite como si se tratara de un molde, es un motor, una energía que una vez asumida permite desvelar al artista aquello que lleva dentro. Lo tradicional o lo clásico no es "pasado" sino que siempre se nos presenta como material engendrador, como desencadenante de la potencia creadora. Un autor llamado Ramón Gaya declaró que <<al romper con la tradición lo único que se ha generado es un basurero de novedades, no se produce arte sino "ocurrencias" y se convierte el proceso de creación en algo frívolo>>.

 

    Hay que pensar en la tradición como en un manantial al cual debemos acercarnos a beber para ser artistas ante nosotros mismos y no sólo parecerlo.

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