El blog de Ana Pardo

My life (II): Revelación

Por Ana Pardo en Domingo, 09 Noviembre 2008. Archivado en Óleo

Óleo sobre lienzo - 81 x 100 cm

My life 2: Revelación

   Segundo cuadro perteneciente a la serie Mi vida, y como en el primero, sigo desarrollando el carácter ambivalente que fantasía y realidad comportan sobre la conducta humana.

¿Qué es fantasía?, ¿dónde ubicarla?

Todos aquellos adscritos al mundo artístico y con el don de la palabra llenarían cientos de páginas envolviendo este concepto en una burbuja de seda con la viva voluntad de salvaguardar el fulgor de su magia y protegiéndola de una realidad que todos considerarían deshumanizante. Las palabras irían deslizándose en las hojas como satén, unas veces engalanadas de ingenio, otras embriagando nuestra voluntad con seductoras descripciones, pero todas con ese dulzor que consigue enajenar la mente. No hallarían un lugar legítimo donde furtivamente reposara, ya que caprichosa, la fantasía vaga libre, posándose fugazmente en aquellas inteligencias ávidas por despojarse de la apatía que nos somete la vida moderna con su implacable pragmatismo.

Para hombres más prácticos, el universo de la fantasía está estrechamente vinculado a un exceso de imaginación; una vorágine de deseos, proyectos, ambiciones, quimeras, ensueños o utopías que se manifiestan de forma desordenada y contradictorias entre sí; la fantasía es una gripe intelectual, inherente a la juventud y que la madurez mitiga.

Dichas posturas son las más extendidas, pero ¿Cuál es la verdadera estructura que sostiene a cada una de ellas? ¿Se han formulado correctamente? Si el espectador tuviera que identificarse con una de ellas ¿Cuál escogería?.

Si bien podemos encontrar hombres de cualquier ocupación en ambos lados de esta balanza, la gran mayoría de lectores que atiendan a esta propuesta responderán con el deseo; y porque no perciben la razón que sustenta dicho deseo errarán dos veces. Según avance en este planteamiento, muchos creerán que sólo trato de producir un truco de ilusionismo jugando con las palabras, pero no debemos olvidar que, aunque en el mundo de la fantasía no todo es lo que parece, la realidad puede contener fantásticos secretos que confundan a mentes menos preparadas. Desarrollemos, entonces, ambas posturas y descubramos hacia dónde conducen.

Para los primeros, cómplices de la Fantasía, el cuadro parece autodescribirse en el momento en que sitúo la escena en la cavidad de un bosque, lugar de recogimiento, lugar secreto, más propio de animalillos, el rincón de donde suele emerger la figura evocadora que guiará nuestros proyectos. Para estas mentes abiertas y receptivas, el lirismo metafórico que encierra estos recovecos siempre serán fuente de inspiración; las cosas más pequeñas y ocultas entrañan realidades más grandes y genuinas, porque aunque la realidad parte de infinitas sinuosidades, todas van encaminadas a un mismo destino: hacia la luz del entendimiento. El poeta podrá situar bajo las raíces un extraño fenómeno como un matemático un extraño número, pero si observamos atentamente su esencia y el curso de su testimonio, descubriremos una realidad mayor donde cabemos todos.

Para los segundos, adictos a la cordura, la fantasía vive entre una maraña de ficciones que la voracidad juvenil alimenta y que impide al individuo tomar conciencia de los verdaderos mecanismos que dirigen su vida. La fantasía se desarrolla con el modelado de engendros, espíritus, hadas, todos en mágicos escenarios, majestuosas torres, siniestras raíces. Si tuvieran que conferir algún elemento metafórico al cuadro, la oquedad, por ejemplo, la presentarían como el angosto espacio donde se desenvuelve tanta subjetividad; como un pozo, prisión de aquellas mentes que no logran zafarse del seductor canto de sirena que cautiva nuestra razón. 

Para el primer grupo, la fantasía se desenvuelve siempre entre tonos calientes, coqueteando con rojos y amarillos, irradiando e impregnado su calor al resto de la paleta cromática que compone la obra. La invención se transforma, toma cuerpo real.  Para el resto la irrealidad se desdibuja entre colores fríos. El blanco y el azul se convierten en verdaderos soberanos que extienden su halo gélido al resto de la escena; verdes y violetas siempre vagaran confusos al tratar de eludir su realidad primaria.

En definitiva:  En toda mente visionaria la imaginación batalla por reconstruir una realidad alternativa; para el resto la fantasía es una forma de evadirse de ella.

Quizá el espectador siga arropando su primera decisión, tal vez empiece a percibir cierta fragilidad en sus convicciones. En  Revelación, la muchacha muestra sorpresa ante una verdad que se le revela, muy lejos de lo imaginado. Como hija de un rey, sentíase una princesa abandonando el castillo sin más deseo que conocer una porción de la realidad externa; nunca hubiera abrigado la más leve sospecha de su cuna, su virtud y su destino. Pero como dice un proverbio romano, por la ignorancia nos equivocamos y por las equivocaciones aprendemos; y ella aprendió que la realidad no era otra que su oscuro agujero, pues hija de un jardinero, ella misma era mera ilusión e ilusión el mundo que se abría ante su mirada. 

Revelación es un juego de percepciones, una paradójica disensión hacia el sentir popular. Al contrario de lo que todo el mundo cree, son los más cabales, aquellos a los que llamamos escépticos y realistas, los que han configurado todo el edén de imágenes que nuestro intelecto utiliza cuando entornamos los ojos y queremos, por unos momentos, ser impregnados de la mágica fantasía. Salvo las excepciones de rigor que toda hipótesis debe contener y discrepando con el mundo, no creo en el romanticismo de los artistas, en la lealtad de los políticos o en el misticismo de los prelados; estos atributos son formas de vida que sólo pueden hallarse en personas ajenas a la elaboración y articulación de las ficciones.  No es el escritor o el pintor, componentes del segundo grupo, quienes creen en duendes, aunque sean ellos quienes los den vida; no es el político o el estadista quienes creen en la estabilidad de un sistema jurídico, aunque sean ellos quienes lo promulguen; no es el teólogo o el sacerdote quienes creen en el Dios que dictamina nuestra moral, aunque sean ellos quienes lo postulen. Son los creyentes, los sensibles, los místicos, los románticos, es decir, aquellos que describí en el primer grupo, las personas que alimentan, adornan, veneran, luchan y mueren por hacer realidad la ficción de los más cautos. Unos no son mejores que otros, se complementan, se necesitan. Unos crean la ficción: vacía, fría, insustancial; otros le otorgan realidad, les infunde espíritu.

Creación y recreación, dos aspectos de la imaginación, dos pilares de nuestra humanidad.  Revelación contempla ambas visiones desde ambas perspectivas; y aunque la imaginación humana es polifacética en cuanto a su configuración y puede desarrollarse en cualquier campo, quiero restar ambigüedad al tema confiriendo al cuadro un revestimiento clásico, o lo que es lo mismo, empleo un lenguaje universal que me permita fondear en la mente de cualquier persona. Todos captarán el significado de su atmósfera; los valores que extraigan podrán extrapolarlos a su mundo personal. 

El cuadro no parece reflejar posiciones antagónicas, todo lo contrario, su expresión es equilibrada. La joven situada en el umbral de los dos mundos percibe ambas naturalezas. La pintura no se desequilibra porque todo lo cercano a la figura aun no llega a desnaturalizarse. El cuadro bien pudo crecer en formato apaisado saturando dichas ideas en ambos lados, pero  Revelación quiere hablarnos de proporción, de la armonía que el hombre debe encontrar entre los corredores de esta dualidad.  Revelación quiere alentar al espectador durante breves momentos a tomar conciencia de sí mismo y de su entorno. Quizás descubra que le está siendo revelado algún misterio, tal y como a mí me sucedió en la elaboración del cuadro: “La Fantasía del hombre trata siempre de encontrar una realidad, porque la verdadera esencia del ser humano es vivir eternamente una fantasía.”


Boceto

 

Ver en ALTA RESOLUCIÓN

 

 

 

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