El blog de Ana Pardo

Humanidad y Arte: elementos indisolubles

Por Ana Pardo en Lunes, 13 Septiembre 2004. Archivado en Reseñas

Calimera

       Hay algo que siempre nos ha atraído del Arte y es el hecho de su misterio. Cierro los ojos y trato de trasladarme a los albores de nuestro origen como humanos y me pregunto ¿Qué nos dio ese toque que nos diferencia de la animalidad?.

Muchos encontraron una respuesta en la sonrisa, hasta que vieron reír a un chimpancé, otros la encontraron en la creación de artilugios, hasta que un pariente de ese chimpancé inventó uno para alcanzar un plátano; podríamos, incluso, plantear argumentos más cercanos con la realidad científica, como p.e. la genética, que halla a estos dos seres iguales salvo en la proteína de un aminoácido en el gen del habla (con el desarrollo del habla aumenta el desarrollo intelectual). Este estudio, a su vez, menoscabó aquella otra teoría que se traduce en dotar al hombre de inteligencia superior por el hecho de ser pentadáctilo (la flexibilidad del dedo pulgar frente a la del chimpancé, de funciones más prensiles, es lo que desarrolla su inteligencia a planos más elevados); o la teoría que ensalza el sometimiento del fuego como origen de nuestro cambio en el hábito alimenticio y por lo tanto de la nueva forma de metabolizar proteínas, produciéndose así ese cambio del 2% que es la diferencia de nuestro genoma respecto al del chimpancé .

Poco a poco nos encontraríamos con muchas y formidables respuestas, pero sólo explican la potencia intelectiva, y no la cualidad de nuestra "humanidad". Personalmente, estoy convencida de que el momento en que nos hacemos humanos es aquél en que sentimos la necesidad de que ese simple artilugio sea bello, tenga una forma y no otra, y que esta forma no tenga nada que ver con su utilidad sino con el placer de su contemplación y lo que esta contemplación provoca en nosotros. Graciosamente podríamos afirmar que empezamos a ser humanos cuando dejamos de ser prácticos. En este proceso aparece algo que toca el alma, nos hace tener conciencia de nuestra conciencia y nos da esa capacidad de observarnos a nosotros mismos y buscar en lo que nos rodea un espíritu afín. Es ahora cuando comenzamos a dotar a los objetos de "gracia"; las cosas ya no están como están, ni son como son, sino que "significan",  desencadenando en nosotros una insaciable necesidad por otorgar significados a toda la realidad. Pero nuestra realidad es cercana y por lo tanto pequeña, y nuestro nuevo apetito expresivo es desmedido: nace la fantasía, la primera cualidad humana. Nuestra incipiente imaginación puede mantener ahora la nueva necesidad de otorgar “gracia” a algo. Esa “gracia” es el Arte. Todo el mundo, sin excepción, intuye qué es el arte, porque habita en su naturaleza, pero muy pocos podrán definirla medianamente con palabras. La necesidad de sublimar nuestra realidad despierta una nueva inquietud: la de comunicar esa “gracia”. Nacen las artes, nacen los artistas.

El arte, la cualidad más humana, es el medio con el que transmitimos nuestro don de percibir significantes y transformarlos en variopintos significados. El artista es aquella persona que domina un medio para comunicar su percepción de esos significantes. Luego el artista debe ser expresivo (de ahí el término medio de expresión), es decir, tener la capacidad de expresar, de hacer llegar su idea. Las personas que desarrollan medios para que el público saque sus propias conclusiones (cuadro de manchas por ejemplo), entran en otro tipo de campo, no son artistas porque el don de dotar de “gracia” a algo recaería en el público; en este caso las personas que observan ese medio serían los auténticos artistas.

Un músico, un escritor, un pintor, si quieren expresar tristeza, el espectador debe quedar invadido de ese sentimiento. Salvo en el caso de la música, que es más visceral, si además de dejarnos llevar por esa sensación, obtenemos alguna referencia que aclare esa emoción, el artista va creciendo en sus objetivos. La obra será más rica cuanto más elementos expresivos contengan.

Yo puedo pintar a 2 personas jugando una partida de ajedrez, sin más. Dependiendo del atractivo técnico un espectador necesitará pocos segundos para visionar o aburrirse de la obra. Ahora añado todos los medios expresivos a mi alcance que enriquezcan la obra, por ejemplo, el espectador podrá detectar a quién le toca mover, quien va ganando, como se toman los jugadores anímicamente la partida, su estado de excitación, que piensan los espectadores de esa partida, quién es el jugador más simpatizante entre ese público y si, además, añado a una persona entregando unos billetes estoy manifestando la pronta finalización de la partida. Si, además, desarrollo la escena en una atmosfera cargante dentro de un pub, el público sabría de la importancia de esa partida entre dos hombres notorios del barrio.
Como pueden observar, nos enfrentamos ante 2 cuadros de temática y técnica similar. ¿Cuál es más artístico?.

Aunque he roto todos los  preceptos de una introducción, simplemente quiero reflejar mi conclusión de que sea lo que sea el Arte, es claro que representa uno de los pilares principales de nuestra humanidad porque está estrechamente ligado a nuestra alma.

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