El blog de Ana Pardo

Las edades del Arte III: El relevo

Por Ana Pardo en Jueves, 08 Diciembre 2005. Archivado en Óleo

Óleo sobre lienzo 130 x 89 cm

Las edades del Arte 3: El relevo

   Con este cuadro cierro el primer ciclo de “Las edades del arte” creando en su contenido un elemento discursivo de infinitas variables. En él he volcado conceptos clásicos, modernos y personales. Cada elemento escogido, cada cambio realizado en él, tiene un objetivo y una lectura tanto crítica como artística. La primera de ellas parece clara:  “Tradición y oficio dan paso al liberalismo de la abstracción”.

Sin embargo, ¿no reflejará una encarnizada crítica hacia cualquiera de las dos posiciones?:
 “La estética, el arte más puro de expresión consciente, da paso al subjetivismo impulsivo, al contenido insustancial, a la paranoia.”
o por el contrario:
 “La asfixia creativa, causada por unos cánones que globalizaban todo acto expresivo, cae rendida ante el resurgimiento de un inconsciente individualismo, libertad irracional de la forma que posibilita  descubrir en cada hombre un artista.”

Pero el cuadro no quiere quedarse en meros discursos historicistas. Cada persona podrá extraer ciertas directrices que le sirvan de guía en su futuro inmediato, igualmente contradictorios entre sí:
“El arte contemporáneo deberá recuperar la sublimidad de la expresión si no quiere quedarse  mudo y vacío.” o
“Guardar el pasado en un pergamino para que nuestra mirada pueda ampliar el horizonte y halle, en su recorrido, formas de concebir insospechadas.”
¿Y porqué no el equilibrio?:
“El futuro del arte pasa por balancear concepciones de pensamiento aparentemente irreconciliables, alejándose de radicalismos que subyuguen al artista”.

Pero al margen del contenido general, es la elección de cada elemento y su técnica de elaboración donde guarda mayor variedad de significados y donde el espectador más instruido degustará con agrado las numerosas delicias que, escondidas, esperan ser rescatadas:  ¿Porqué no un paisaje de Claudio de Lorena o Francesco Guardi? A priori parecían más apropiados para enfatizar el pasado. ¿Por qué se introducen 2 David, uno como creador y otro recreado?, “La educación de Maria de Medici” ¿guarda algún sarcasmo secreto? ¿Qué significado tiene el vacío que se aloja en la estructura más oriental del Gugenhain?

Si el espectador logra encontrar repuestas, no sólo a las interrogantes mencionadas sino a las omitidas, descubrirá inagotables guiones de controversia artística y quedará impregnado de un recuerdo que subyacerá para siempre en su mente, reformándole la visión de la Pintura, no como un arte decorativo, sino como un ente vivo susceptible de hablarnos, capaz de llenar esa particular soledad que nos acompaña cuando nos detenemos a contemplar un cuadro.

    

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